La Virgen María, joven, bella y piadosa, cuyas vestiduras se
expanden con numerosos pliegues, sostiene a Cristo muerto y que,
intencionadamente, aparenta mayor edad que la madre, en una composición
triangular sosegada y llena de ternura. La juventud de la Virgen María es
muestra del idealismo renacentista: se trata de representar el ideal de belleza
y juventud, una madre eternamente joven y bella.
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